Belleza oculta, y tan oculta. Nota: 5.5

Un “Cuento de Navidad” propicio para estas fechas que no consigue explicar con claridad el concepto de belleza oculta, lo que origina desconexión con el público y una sensación de vacío al finalizar el filme. Crítica escrita por el nuevo colaborador de Zafra 30: Ezequiel Herrera

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Sí, otro drama de Will Smith, que no consigue dar con la clave para su reconocimiento por parte de la Academia. Y ya son varias las películas donde el estadounidense busca su papel que lo lleve al Oscar, pero parece que lo conseguido en “En Busca de la Felicidad” ya no volverá. Es el resumen de esta película del director David Frankel que quiere y no puede. Un intento forzoso por explicar un concepto que se entiende mejor sin tantas complicaciones en el guión, sobre todo el giro final que descoloca aún más al espectador y lo invita a que se replantee otra vez todo lo que ha visto durante una hora y media.

La película parte de una idea original y bastante llamativa pero que no se gestiona ni se resuelve adecuadamente. El personaje principal, Howard (Will Smith) un publicista de éxito sufre una grave depresión después de la muerte de su hija y dedica su tiempo a escribirle cartas a los tres conceptos ejes del argumento del filme, el tiempo, el amor y la muerte. Esta depresión origina que su trabajo y empresa también decaiga viéndose perjudicados sus compañeros y amigos, los personajes de Kate Winslet, Edward Norton y Michael Peña. La intención de éstos es recuperar a su jefe y amigo para no quedarse sin trabajo contratando a tres actores, Jacob Latimore, Keira Knightley y la magistral Hellen Mirren, para personificar estos tres conceptos y ayudar a Howard a entrar en razón.

En el propio argumento ya surgen las primeras contradicciones y que sacan al espectador de la película. El acto de sus compañeros de trabajo implica también hacerle creer a Howard (Will Smith) que está loco y que por lo tanto deben vender la empresa para así sacar beneficios de esta situación grave y aparentemente sin solución. Un juego de moral bastante hipócrita que no concuerda con el mensaje principal de la película, que no es más que la búsqueda del amor y el sentido de la vida para la superación personal, no el engaño y la manipulación por parte de tus amigos.

Parece que a la película le faltan minutos para explicar mejor el concepto que da título al propio largometraje, una hora y media se queda bastante corto para un argumento que exige una mayor presentación de los personajes para poder conectar mejor con sus respectivas tramas, ya que no sólo la historia gira en torno al personaje de Will Smith, también Winslet, Norton y Peña gozan de varios minutos con el tiempo, el amor y la muerte, intentando explicar mejor esos conceptos para que el espectador no tenga ninguna duda del mensaje, el cual se tuerce al final de la película con un giro de guión surrealista que dificulta aún más el sentido de estos conceptos abstractos y la participación de ellos en el argumento de la película.

Lo mejor del filme es sin duda la fotografía de una Nueva York navideña, la cual contrasta con el drama que se ve en la película, con unos colores llamativos que motivan a vivir, al igual que la interpretación de Hellen Mirren, quien interpreta a la muerte con un color azul que trasmite un mensaje de positividad a un concepto estereotipado con la negatividad  y el color negro.

Una belleza visual que no se encuentra con la argumental. Una belleza oculta, y tan oculta.

Ezequiel Herrera

 

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