Spectre, cargada de tópicos no llega a la altura de Skyfall

Espectre, la última película de 007 parece recuperar al más clásico agente James Bond. La entrega 24 de la saga lleva ya unas cuantas semanas en la pantalla grande y parece no gustar tanto como su predecesora.

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Esta vez, James Bond recibe un extraño mensaje que M le dejó antes de su muerte, y por el que el agente se pasea por capitales como México D.F. y Roma, donde conoce a Lucía Sciarra, la viuda de un criminal (un muy pequeño papel para la chica Bond más mayor de la saga, interpretada por Mónica Belucci). Es en la ciudad italiana donde Bond se infiltra en la reunión de organización secreta conocida como Spectre. Ayudado por su archienemigo el Señor White, a cambio de que proteja a su hija (interpretada por la actriz francesa Léa Seydoux), tendrá que vérselas con los matones del siniestro grupo, mientras en Londres, el nuevo director del Centro para la Seguridad Nacional intenta acabar con el MI6 eliminando el programa 00.

A medida que la cinta avanza iremos conociendo la relación entre el villano y James, que a pesar de convertirse en el antiguo rompecorazones con licencia para matar sigue teniendo un pasado que le atormenta.

Comienza sin duda con escenas plagadas de tensión que sitúan al espectador en plena Ciudad de México durante el Día de los Muertos, con millones de extras disfrazados y un plano secuencia que suple considerablemente ciertos momentos de aburrimiento del resto de film. Una escena llena de riesgo en un helicóptero en pleno vuelo sobre el centro histórico de la ciudad abre este nuevo guión de 007, un trabajo lleno de referencias y guiños a todas las películas anteriores.

Después de los primeros diez minutos, el largometraje se convierte en una serie de tópicos que ya hemos visto antes. El seductor James Bond, ante el que todas las chicas caen rendidas, el Martini mezclado, los juguetes que fabrica Q, sin olvidarnos del Aston Martin y esa elegancia que va adquiriendo el agente que va cambiando su fuerza bruta por el esmoquin blanco.

Esta vez James es noqueado por un matón en una escena en un tren, menos mal que la nueva chica Bond, no tiene miedo a empuñar un arma, aunque sigue siendo la típica boba que acaba seducida por 007. Puede que la interpretación de Lea Seydoux sea la única que sobresale, porque el cansado Daniel Craig, la escasa aparición de la Belucci o el sobreactuado papel del malo malísimo (interpretado por Christoph Waltz) no salva la plana historia del pasado del personaje. No hay duda de que este repetido villano del actor no es capaz de igualar la profundidad de Silva, el malo malísimo de que interpretó Javier Bardem en la anterior película.

Puede que la dirección de Sam Mendes se merezca un aplauso y que las pelis de 007 tengan un público fiel, pero la última entrega interpretada por Craig no está para nada a la altura de su predecesora, Skyfall.

 

 

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