Socializando donde nadie te conoce

¿Alguna vez has tenido que emigrar? ¿Viajar a algún lugar donde no conoces a nadie? Aquí te dejamos algunos pensamientos de lo que supone comenzar desde 0.

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Para aquellos que lleven una vida itinerante, supongo que suscribirán parte de mis palabras. Por ello, en el rincón del nómada quiero hablaros de algunas de las complicaciones a las que se enfrenta el emigrante al llegar a un nuevo lugar, desde mi punto de vista particular.

 

Como becaria profesional, he estado en suficientes sitios como para elucubrar las dificultades de establecer relaciones con los autóctonos de los diferentes lugares en donde he estado, por tanto, hay una serie de circunstancias que son propicias para conocer gente, y otras no tanto.

 

Uno de los principales problemas a la hora de irte fuera no es sólo que tú sales de tu zona de confort, pues el cambio de residencia conlleva múltiples factores, sino que en el nuevo lugar al que accedes, para hacerte hueco, vas “palpando” zonas de confort ajenas, que no sabes cuán susceptibles al cambio serán.

 

Por tanto, al ser estudiante, es más fácil establecer relación con otras personas. Uno de los ejemplos son las famosas becas Erasmus. En ella, en las clases siempre acabas hablando con alguien, y si no es así, al menos te toca hacer un trabajo en grupo que no te deja más remedio que interaccionar con la gente de allí. Pero el problema es que al final por afinidad tiendes a juntarte con gente como tú, y muy pocos Erasmus son los que aprovechan el tiempo para relacionarse con otras personas que no sean de su misma nacionalidad.

 

Después de eso, aprendes, y en la siguiente beca que te vas al extranjero intentas hacerlo mejor. Usas la “técnica tandem” en la que te apuntas a todo lo que puedas para hablar y aprender el idioma para conocer a la gente del lugar. Por otro lado, también contactas con los españoles, porque la afinidad sigue ahí, y si te vas a un “piso patera” donde sólo hay 4 habitaciones para 11 personas, eso de conocer gente y hacer amigos es mucho más fácil.

 

Luego, te toca otra diferente. Te vas a otro país, con alguien que has conocido una semana antes de irte, pero a un pueblo a las afueras de la ciudad. Ahora estás trabajando, y las ventajas de conocer a la gente con la que estudias desaparece. Además, al estar en un pueblo pierdes todo el ambiente estudiantil y las actividades que una gran ciudad pueden tener, por lo que tienes que tener suerte con tus compañeros de curro para tener algo de vida social.

 

Por último, te toca irte a un pueblo perdido de la mano de Dios. Hablan tu mismo idioma, de acuerdo, pero te vas sola, sin nadie. Con esta edad (30 años) donde la mayoría de las mujeres están en pareja, o casadas, o con niños o con vistas a tenerlos… Claro está que con la gente del trabajo puedes hablar, ¿pero para el tiempo libre?. Menos mal que a veces hay alguien que conoce a alguien y te puede facilitar las cosas presentándoos, pero aún así, es complicado.

 

Sin embargo, en el ambiente rural la gente te saluda por la calle sin conocerte (o quizá es que yo los saludo porque me miran por ser de fuera), te dan los buenos días, y casi siempre hay algún comentario sobre el tiempo o la compra o lo que sea (por la situación), así que la soledad es menor.

 

Para irte fuera no tienes que tener miedo al cambio. Tienes que ser amable, sociable y a ser posible alegre. Pero eso tampoco te da todas las de ganar a la hora de hacer nuevos amigos. Y es que, es normal. Todo el mundo tiene su zona de confort, y lo desconocido, da miedo. Si no existieran esos miedos, todo sería mucho más fácil, pero ¿qué le vamos a hacer? Sólo nos queda la esperanza de no ir “como un elefante en una cacharrería” con cuidado de no molestar a los demás, y esperar, a ver si hay suerte, y conocemos a alguien afín que le guste conocer gente nueva.

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Una respuesta a “Socializando donde nadie te conoce”

  1. José Juan
    2 junio, 2013 a 20:35 #

    Socializar a veces es complicado, sí. Pero cabe preguntarse si no ocurre lo mismo cuando un forastero (¡vaya una palabra!) intenta aproximarse a nuestro círculo… más que esperar algo de los demás, hay que ofrecer a los demás. La discreción y el respeto es clave, tanto como escuchar a los demás. Hay que permitir ser a los demás como son, y no como nos gustaría que fueran.

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